miércoles, 3 de junio de 2015

Te siento


Y yo te siento temblar en el pasto,
tocando el frío audaz que desprende el  rocío.
Tu rostro  terso y brillante
Vislumbra un nuevo amanecer a la orilla del río

Solitario y sereno  tu cuerpo
Adornado de  luces doradas
Busca refugio seguro en la tenue piel
que se levanta en las torres de mi espalda.

Te siento pájaro cantor a la tibia alba del amanecer.
Tus finos dedos de cristal recorren impacientes
las dos montañas que se elevan en mi pecho.

Y mi cuerpo de sirena
Se pierde en tu ancho y espeso océano de versos dulces,
Navego libre  en el mar de sueños primitivos

que se desgarran de tu inconexo e inconfundible  nombre.

Señor del vino


Solitaria es la noche estrellada,
Las olas del río acompañan mi morada
En las tinieblas de tus recuerdos.
El campo solloza, rodeado de luciérnagas
Que danzan al compás de mi clamor.

¿Dónde estás señor del vino?
¿Por qué te fuiste dejando como castigo
El  aturdidor recuerdo de tus besos benignos?
Este cuerpo atormentado reclama tu cuerpo
Esta voz desesperada suplica agonizante  tu regreso. 

Ven y toma mi alma esta noche
Bebe a mi lado el licor del olvido
Te ofrezco en mis brazos ceñidos
El regalo bendito del eterno destino.





Cunas de mentiras



A fino vino dulce saben tus rojos besos
Venenoso licor del cual ya no beberé.

Tus labios marchitos descansan en cuna de mentiras
¡Maldito privilegio que no ha de venir!

Falsas luciérnagas  son tus ojos negros
Hipnotizan almas moribundas que desean fervientes
Una gota de cálida luz.

Dicen que tus manos son piedras encendidas
Pero lo que ellos ignoran es que profanan como fasos creyentes
La verdad oculta en el cuerpo de una mujer.

Y qué hay de tu mirada perdida
Esa que roba el alma al leve contacto
De tu rostro divinamente cruel.

Engañosa verdad dice tu lengua caliente
¡Pobre de la mortal que se pierda en vida

En la bendita mentira de tu santificada piel!

Una noche más



Una noche más
¿Qué significa una noche más?

Un instante
para tocarnos piel con piel

Un instante
Para saciarnos del más profundo y grande amor
Para adorarnos tan brutal y suavemente.

Un instante…

¡Qué no daría yo por un instante!

Indiferencia


Amarte se ha convertido en mi peor castigo.
Tu indiferencia me condena a un futuro terror.
Es que no concibo a la vida, vida sin tus besos
Me aprisionas, me vuelves cautiva del dolor.

 Deseo tus caricias, bajo la sombra fresca de los talas
Cuando me empalague el canto,  preludio del ruiseñor.
Porque no verte se asemeja a la muerte,
a un último día sin la luz vital del brillante sol.

Porque tus recuerdos me persiguen
haciéndome prisionera de un funesto destino.
Mi alma entera se acongoja
y camino ciega en las sendas del abismo.

 Tengo nostalgia de tus ojos morenos
Reposando en mi robusto y ancho mentón.
Navego a la deriva, en barcos de sueños

recogiendo pedazos de un moribundo corazón.

Olvido carente


Cada noche te abrazo en el ocaso de  mi alma,
Serena y añorando el pasado que  se fue.
Sueño con el dulzor de tus besos profundos
Escondiéndose  en mí como esclavo nocturno,
preso de una tortuosa pasión añil.

Ahogo el dolor en un olvido carente
de caricias siniestras que ya no han de venir.
Dónde están esos ojos morenos,
hacia dónde miraran ahora que están lejanos de aquí .
Llora el alma en una melodía constante.

Se despegan de la nada esos recuerdos fugaces
Y dónde fue tu boca punzante
Quién se quedó con ese diáfano sabor.
Lloro estos versos a la orilla del río,

Recuerdo vivo de un profundo e inevitable adiós.

Alma




Alma que caminas herida
Olvida pronto ese tormentoso amor
Alma, vieja e inseparable amiga
No es justo que conserves con vida, esa agitada pasión.

Olvida, alma mía, olvida
Arráncame del pensamiento
Su cálido aroma y la tibiez
de su embriagante sabor.

Vuélvete insensible e invisible
ya no desees en silencio
las gotas del mortal veneno

que desprende su indescifrable voz.