Cada noche te abrazo en el ocaso de mi alma,
Serena y añorando el pasado que se fue.
Sueño con el dulzor de tus besos profundos
Escondiéndose en
mí como esclavo nocturno,
preso de una tortuosa pasión añil.
Ahogo el dolor en un olvido carente
de caricias siniestras que ya no han de venir.
Dónde están esos ojos morenos,
hacia dónde miraran ahora que están lejanos de aquí .
Llora el alma en una melodía constante.
Se despegan de la nada esos recuerdos fugaces
Y dónde fue tu boca punzante
Quién se quedó con ese diáfano sabor.
Lloro estos versos a la orilla del río,
Recuerdo vivo de un profundo e inevitable adiós.

No hay comentarios:
Publicar un comentario