Las
largas horas de un reloj invisible
Me
hacen ver que de frío mármol
se ha teñido su piel.
Las
sombras que velan la noche
lo
han llevado consigo
a
un mundo distante de sueños
que
nacen y mueren lejos de mí.
Duerme
ahora en un lecho coronado de rosas
En ese
lugar al que está prohibido ir.
Se
ha cubierto de un terrible espanto el claro del alba,
Ya
no se ve la luz con la que gozaba sentir.
Hoy,
hoy me ha confesado entre copas de lágrimas,
Una
verdad a la que me he, de cierto modo, negado a vivir.
Hoy
me ha dicho, sin una pisca de esperanza
Que
su hogar está lejos de aquí.

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