que quise gritarte pero mi timidez calló.
Entraste en mi vida una lluviosa tarde de agosto
y te apoderaste de un solitario y hambriento corazón.
Como experto ladrón te llevaste solamente un par de
besos,
envueltos en una infinita e inquebrantable ilusión.
De manera casi ruin diste fin al juego
Y ahora me toca recoger del suelo,
los pedazos de un magullado sentimiento de amor.

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