En
el frío de la noche he llegado hasta ti.
¡Sálvame,
oh señor de desconsuelos!
Libérame
del tormento de no verte más.
El
embeleso arrebata mi alma.
La
locura delirante de no tenerte hace mella en mí.
Que
no sobreviré sin uno más te sus besos
Han
profetizado los que dicen saber sobre el amor.
Me
pronostican todo tipo de estupores.
Se
burlan viéndome débil a tu calor.
¡Que
me liberes del torbellino de recuerdos te suplico!
Teniendo aquí a mi alma como único testigo.
¡Sácame
de esta demente necesidad que me consume
Déjame
oír una vez más la dulce melodía que desencadena tu voz!

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